Agua embotellada: cultura de lo desechable

#Opinión 

Por: Ricardo Gaitán. Consultor de Marca

La industria del agua embotellada ha conseguido superar, después de seis décadas de fuerte crecimiento, el consumo de las bebidas azucaradas, apoyándose en novedosas estrategias de marketing que nos hablan del cuidado de la salud y la belleza de la naturaleza. Con base en estos argumentos de “venta motivada”, las empresas del sector lograron persuadir a millones de consumidores de sustituir las bebidas “endulzadas”, por el agua embotellada. Lo destacado del tema es que también lograron desplazar el agua especialmente tratada que llega por la tubería a los hogares.

El agua es un recurso esencial y gratuito para la vida. Envasarla y luego consumirla es contribuir, no solo en la contaminación del medio ambiente, sino al pago con dinero para que esto suceda. La razón no tiene otra explicación que el éxito de las estrategias publicitarias que convirtieron el recurso natural en un negocio millonario. Paul Younger, especialista en recursos hídricos, manifestaba que “la industria del agua embotellada es en gran medida una estafa, y muy costosa, tanto en términos económicos como de emisiones contaminantes”.

Richard Wilk, profesor de antropología de la Universidad de Indiana sostiene que el agua embotellada es el mejor ejemplo para mostrarnos cómo funciona el mercado capitalista global hoy en día. “En cierto modo”, dice: “Compramos poder elegir, compramos libertad. Eso es lo único que puede explicar por qué pagarías por una botella de algo que de otra manera puedes obtener gratis”.

El agua embotellada reformó de manera efectiva la categoría de bebidas, según una investigación de la consultora Beverage Marketing Corporation. Michael Bellas, presidente de la firma sostuvo que “cuando Perrier (marca francesa de agua mineral embotellada) entró por primera vez a Estados Unidos en la década de 1970, pocos habrían predicho las alturas a las que eventualmente subirían las aguas embotelladas”. El directivo hablaba de la larga tradición de beber agua limpia y gratuita del grifo. “Donde antes hubiera sido inimaginable ver a los estadounidenses caminando por la calle llevando botellas plásticas de agua”.

El movimiento BeCause Water para la sostenibilidad del agua afirma que más de tres millones de toneladas de plástico se utilizan en todo el mundo para producir los envases que la industria necesita. El 80% de estas botellas termina en vertederos que van al Océano Pacífico. El botadero tiene un área del doble del tamaño de Texas conocido como “La Isla de Basura”, compuesta por depósitos de plástico. Se estima que en 2020 el ritmo de producción de plásticos habrá aumentado un 900% con respecto a niveles de 1980.

Ricardo Estévez, Formador sobre modelos de negocio ecoinnovadores, dice que: “para conseguir la reducción de la llegada de plásticos a los sistemas naturales se requiere esfuerzos conjuntos en 3 ejes: mejorar la infraestructura para recoger los plásticos ya utilizados; aumentar el atractivo económico de mantener los materiales en el sistema y reducir su impacto negativo cuando escapan del circuito de recolección y reprocesado e incrementar los esfuerzos relacionados con el desarrollo de alternativas ecointeligentes.

En 2017, la revista The Ecologist calificó de escándalo nacional la “obsesión” del público occidental con el agua embotellada. De hecho, los riesgos del agua embotellada son casi los mismos que los del agua del grifo, por lo tanto, en ese sentido no es más saludable una que la otra, la diferencia radica en la cultura de lo desechable.