Los “millennials mutantes” en el planeta marketing

Llegaron hace poco. Los millennials irrumpieron en este tiempo y prometen someterlo aprovechando el poder de sus “mutaciones”. Han puesto en jaque al mercadeo que, apenas, está hallando los métodos para entenderlos.

Por: Amado Hernández
@poeta70

Los demás empezaron a ver que ellos eran diferentes. Ocurrió al principio. Aquella “mutación” en sus manos era un rasgo que se percibía de un vistazo. Sí, las manos. Estaban dotadas de una extensión rectangular y plana que, para asombro de los mirones, irradiaba una aureola fluorescente sobre sus rostros en estado de abducción, según sus poses.

Resultaba inevitable no fijarse en ellos ¿Alienígenas? ¿Androides con piel de humano? Se les veía en los buses, en los taxis, en el metro, en una reunión, en una fiesta… Nuca encorvada, igual la espina dorsal, como si se delineara el caparazón de una tortuga de mar. Ojos en estado de hipnotismo y dedos tamborileando sobre el cristal ¡Qué coreografía! Tecleo de prestidigitador azuzado por el afán, poseído por el hábito de una generación que aparece para invadir y colonizar su tiempo y su espacio.

“La de los millennials es la primera generación de nativos digitales y, por lo tanto, se caracterizan por un dominio total de la tecnología. Su vida es móvil y su principal puerta de entrada a la red es la pantalla de su teléfono. Es una relación casi simbiótica, el móvil es una prolongación de su propio cuerpo. La ansiedad los invade si lo olvidan en casa –monofobia– o si se quedan sin batería”, ilustra para M2M el investigador español Antoni Gutiérrez-Rubí, quien este diciembre presenta su libro: ¿Cómo ven los millennials ecuatorianos el mundo? Exploración cuantitativa y cualitativa sobre los millennials latinoamericanos, realizado por encargo de la Fundación Telefónica de Ecuador.

Smartphone, la mutación en la mano. Es como si por evolución le naciera una falange adicional a cada dedo. Y con esta mu tación, provista por la tecnología, toda una nueva forma de comportamiento que hoy está en pleno furor. Estos “mutantes”, al parecer, se han adueñado del mundo. Y lo regirán en las décadas próximas. Tal vez, hasta que se dé otro vuelco generacional, un cisma económico o cuando haya un nuevo embate de la tecnología.

“Hay algunas discrepancias sobre cuándo empieza y termina la generación millennial, también llamada generación Y, generación del milenio, generation we, etc. Pero, más o menos,  incluye a los nacidos entre 1982 y 1998, lo que equivale al rango de 18 a 34 años. De acuerdo con la Organización Iberoamericana de la Juventud, los millennials representan el 26 % de la población mundial, de los cuales más de 80 millones están en Estados Unidos y 50 millones en Europa. En cuanto a Latinoamérica, el porcentaje todavía aumenta: el 30 % de la población de la región es millennial, según se calcu a en un informe de PayPal”, cita el escritor.

Metamorfosis

Los que hoy tienen más de cuarenta años de edad han apreciado con alucinación esta metamorfosis en la generación que los sucede: los millennials. Los cuarentones y  cincuentones, como el Gregorio Samsa de Kafka, se alelan no contemplándose a sí mismos, sino contemplando a la nueva “especie”. Una imagen bastaría: “Al despertar… hallábase echado sobre el duro caparazón de su espalda, y, al alzar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas callosidades…”.*

La metamorfosis, el simbolismo kafkiano que retrata la mu tación psicológica y cognitiva del hombre sometido por su propia naturaleza, y la de la especie a la que pertenece, quizás sirva como símil para dar cuenta, desde un ángulo opuesto, de los cambios que ha propiciado el nuevo milenio bajo el influjo de los avances tecnológicos en las comunicaciones, desencadenando de paso nuevas conductas y percepciones del ser humano frente al mundo y la vida. Su fusión siamés con el dispositivo móvil, en especial, hace de los millennials una generación de vínculos, de tráfico, gestión y dominio de la información como soporte de sus decisiones. También de liderazgo, emprendimiento y protagonismo.

“Son extremadamente sociales. Según el último reporte de Global Web Index, el 91 % había visitado una red social en el último mes; y, un par de años antes –2014 –, la última encuesta global de Telefónica mostraba que el 88 % de los millennials latinoamericanos tenia, por ese entonces, al menos un perfil activo. Las redes sociales no son, para ellos, solo un medio de comunicación, sino una parte constitutiva de su vida social”, explica Gutiérrez-Rubí.

Es otra visión del mundo. Al paradigma del metamorfoseado Gregorio Samsa: abrumado, exhausto, atrincherado en su habitación, envuelto en su caparazón de “insecto”, símbolo de una desesperanza degenerativa, intensificada por las imprecaciones de su entorno, sustentado en un deber ser viciado, podría anteponerse el perfil psicológico del millennial.

“Los millennials son optimistas, especialmente los latinoamericanos. Creen en un mejor porvenir y piensan conseguirlo por sus propios medios, aunque su futuro es bastante más incierto de lo que era para sus antecesores. Muestran una alta dosis de ambición personal que los lleva a asumir altos riesgos, a veces sin capacidad de medir sus consecuencias”, describe Gutiérrez-Rubí,  experto además en nuevas tendencias en los ámbitos político, social y empresarial. Y completa: “Son soñadores. Son muy exigentes. Con las empresas, con sus compañeros de trabajo, con la política formal, consigo mismos, con todo. Estos altos niveles de exigencia, sumados a diferentes episodios de decepción, los ha vuelto desconfiados”.

Mutaciones ejemplares

Quien tiene el teléfono tiene el poder. El móvil como prolongación del cuerpo. Y como extensión de la mente. ¡Qué paradoja! Ahora, el millennial se ha adueñado de lo que antes era pertenencia exclusiva de las marcas: la información. En cierta forma, estas han dejado de ser las dueñas del target, para convertirse en propiedades de este.

“Con los millennials, como consumidores, pasa algo parecido. Tienen mucho conocimiento de que lo más importante para las marcas son ellos y, con el crecimiento de las redes sociales tienen en cuenta que su voz ahora tiene mucho recorrido. Por eso son más exigentes con las marcas: porque tienen todas las herramientas para serlo, tienen la sartén cogida por el mango. Las marcas deben ahora cambiar su comunicación y sus mensajes, interactuar con los usuarios y, sobre todo, serles útiles. Una marca que ofrece contenido útil a sus usuarios es una marca que los va a ganar a largo plazo”, explica a M2M el social media manager Carlo Farucci, de la agencia española InboundCycle (www.inboundcycle.com).

Interacción. Las marcas están obligadas a salir de su habitáculo para asistir al encuentro que les proponen estos mutantes, los millennials. Las que se asuman como marcas de “clausura”, al estilo monje, podrían firmar su fin. “Las marcas intentan ir a buscarlos donde los millennials pasan la  mayor parte de su tiempo: internet y redes sociales. En el último tiempo, con el crecimiento de Snapchat, hemos visto cómo muchas marcas se preocuparon por entender la red y experimentar con esta. Por ejemplo, la compañía norteamericana de comida rápida, Chipotle, acaba de lanzarun espectáculo semanal que se emite únicamente por Snapchat”, ejemplifica Antoni Gutiérrez, también articulista y autor de diversos libros.

La estrategia debe replantear sus prioridades. La gestión de la información es clave, según aconseja Gutiérrez-Rubí: “Antes de intentar atrapar o conquistar, las marcas necesitan comprender mejor a este nuevo consumidor, que es mucho más complejo y exigente. Quieren entenderlo y así poder anticipar sus comportamientos de consumo. La gestión inteligente de la información, tanto la estructurada–aquella proveniente de transacciones y de datos con un formato concreto–, como la no estructurada –redes sociales, navegación– o la basada en la localización, ofrece un gran potencial para mejorar muchos procesos de toma de decisiones estratégicas y avanzar en innovación, productividad y competitividad”.

Kafka, un simbolismo que podría salvar el mercadeo. El millennial como el protagonista de La metamorfosis, urge de llamados. “Llegó el padre a su vez y, golpeando ligeramente su puerta, llamó: ‘Gregorio, ¡Gregorio! ¿Qué pasa?’ Esperó un momento y volvió a insistir, alzando algo la voz: ‘Gregorio, ¡Gregorio!’ Mientras tanto, detrás de la otra hoja, la hermana lamentábase dulcemente:‘Gregorio, ¿no estás bien? ¿Necesitas algo?’”* ¡Vaya paralelo! ¿Cómo dar el toc toc en la puerta sin que el mu tante intuya que será engañado o utilizado?

“A través del marketing digital, sobre todo el marketing de contenidos y el marketing en  redes sociales se puede crear un gran vínculo entre el usuario y la marca. Ya hemos visto en muchas ocasiones cómo los usuarios dan ideas para crear un nuevo producto –por ejemplo, Dunkin’ Donuts creo que fue el que les dejaba crear una nueva dona y elegir el ganador a través de votación– o sus experiencias o puntos de vista para crear un documento o contenido sobre un tema concreto”, ilustra Farucci.

“Los millennials están formados y por lo tanto pueden aportar mucho a nuestras marcas. Normalmente lo harán de una forma totalmente voluntaria, pero siempre se les puede animar ofreciéndoles algo a cambio”, sintetiza el experto de InboundCycle, Diamond Partners de HubSpot.

Toc toc sin poesía

Abducción, hipnotismo. La pantalla debe irradiar el mensaje de la seducción. Sus luces ahora tienen que difuminar, más que el espectáculo de la fluorescencia, contenidos que marquen las neuronas. El millennial exige, más que metáforas, tonos directos y convincentes, según lo afirmado por Madelyn Martínez Moya, directora de Mercadeo Corporativo y Soluciones Financieras en Centro Cuesta Nacional, durante el XIV Congreso The Future of the Advertising (FOA), realizado en República Dominicana en octubre reciente, a propósito del panel Marcas a la caza de los millennials al estilo Pokemón Go.

“No se dejan llevar fácilmente porque tú le pongas una publicidad con mucha poesía”, afirma Martinez Moya sobre los millennials.

“Quieren la verdad y así mismo tienen que ser las marcas”, sugiere. “Se trata de una generación auténtica, práctica, no entiende mucho de teoría. Le gusta la verdad”, sentencia. Apunta que si bien una significativa parte de ellos no es acaudalada, sí tiene poder adquisitivo. Compran, pero no son fáciles de persuadir.

Abducción no alienígena. Ese doblar de nuca en dirección de la pantalla, gesto inequívoco de seducción, tiene causas propias que van más allá de una superficie plana sembrada de íconos en iridiscencia. “Una estrategia de aproximación interesante es el content marketing. En un escenario de infoxicación, con un promedio de 3.000 impactos publicitarios por día, las marcas ya no están en disposición de hacer un monólogo homogéneo y conseguir audiencia. Más bien deben conversar con sus consumidores y ofrecerles contenido útil y de calidad, personalizado y segmentado, disponible en multidispositivos y que pueda ser fácilmente compartido, a través de una gran variedad de canales”, advierte Gutiérrez-Rubí.

En esta misma línea se manifiesta Farucci: “Sí que creemos que el marketing de contenidos es una de las mejores fórmulas para seducir a los  millennials. Sobre todo si lo cruzamos con el marketing en redes sociales. Generar contenido interesante y de calidad para ellos va a hacer que te valoren y se hagan seguidores de tu marca por mucho tiempo. Además, a través de estas herramientas también puedes implicarlos en la creación de nuevos productos, de contenidos o de cualquier cosa que se te ocurra”.

Además de mensajes expresados con claridad y creatividad, hay otra manera de impactar: “El marketing de influencers. Esto es la utilización o complicidad de líderes de opinión en las estrategias de comunicación de las compañías”, señala el escritor español.

*KAFKA, Franz. La metamorfosis. Alianza Editorial, Madrid. 1975

 

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