El dinero no compra clientes

El dinero no todo lo compra. Por más y más que este mundo capitalista se empeñe en darle prioridad al consumo y la acumulación de riqueza hay cosas que no se pueden comprar, la salud, por ejemplo, o la felicidad y el amor. Y será en el amor en el que haré más énfasis. Por más que inviertas, gastes, induzcas, satures y promociones para lograr que alguien te amé, el amor seguiría siendo efímero e impredecible. Si bien el dinero puede ser un arma de conquista, no es un todo, es solo un factor de los muchos que se necesitan para lograr la fidelidad sentimental.

En mercadeo las reglas son similares: conseguir la fidelidad del cliente puede ser tan complejo como asegurar la fidelidad de la pareja, y solo aquellos que logran romper la barrera del gusto por la del amor pueden ser considerados Lovemarks; marcas que por su gestión tendrán más oportunidad de sobrevivir a los cambios del mercado, a las crisis económicas y a los cambios generacionales. Son marcas que descubrieron cómo acercarse de manera más intrínseca a sus clientes, son marcas selectas, y no por su exclusividad, son selectas porque así sus consumidores las consideran.

Pero, ¿cómo lograr enamorar a los clientes? Esta pregunta es igual de difícil de responder que la pregunta acerca de cómo lograr un “me gusta” en Facebook o un retweeted en Twitter. La dinámica es similar: hay que generar emociones solidarias, que el cliente no solo se sobresalte cada vez que la marca le exprese algo, sino que también se solidarice con su causa, que se sienta parte de su iniciativa. Y lograr esto no es tarea fácil. La mayoría de marcas que han conseguido enamorar a sus clientes llevan años haciéndolo, incluso décadas; otras llevan el mismo tiempo y aún no lo consiguen.

En Internet pasa algo igual. Tú puedes utilizar infinidad de estrategias para conseguir seguidores, si es el caso hasta comprarlos. Puedes seguirlos para incentivarlos a que te sigan, o pagar para que tus mensajes sean sobreexpuestos. Pero para lograr que compartan lo que publicas se necesita entablar una relación solidaria, que compartan tu causa o, mejor aún, que la causa sea la misma.

Aunque el reto siga siendo enamorar al consumidor, el entorno es diferente. Internet revolucionó la manera de comunicar. El usuario desconfía cada vez más de la publicidad tradicional, cada vez le cree menos a los anuncios en los grandes medios, así que se debe cambiar el lenguaje y, sobre todo, discernir sobre las nuevas necesidades de su cliente: si le importa el medio ambiente, si lo que busca es economía, si lo que quiere es calidad, si se solidariza con un entorna familiar o si, por el contrario, su búsqueda frecuente raya con la rebeldía.

Ya no basta solo con tener dinero y atacar al consumidor con anuncios masivos; lo importante ahora es a cuántos les llegó el mensaje, cuántos sintieron como suya la causa y cuántos en verdad estarían dispuestos a darle un “me gusta”.

Por:

Daniel Fernando Polanía Castro
EDITOR REVISTA M2M

Comunicador Social y Magíster en Historia
daniel.polania@legis.com.co
Danielpolania.wordpress.com
Twitter:@danielfpolania

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