Cambio A Crowdsourcing, la nueva plataforma virtual para la publicidad

Mexicana pero creada con talento colombiano, ‘Cambio A’ es una ‘startup’ que basa su modelo de negocio en el crowdsourcing (crowd + outsourcing), al tercerizar procesos de innovación y marketing de empresas, poniéndolos a cargo de una comunidad especializada por medio de convocatorias abiertas en su plataforma tecnológica.

Tras bambalinas de ‘Cambio A’ están Juan Carlos Obando, fundador y CEO, y Santiago Mejía, ambos administradores de empresas del CESA, quienes en octubre de 2015 le dieron vida a esta iniciativa en conjunto con Manuel Castro y Ricardo Tinajero, socios fundadores mexicanos.

La compañía ha tenido entre sus clientes a organizaciones como Avianca, Bimbo, Microsoft, entre otras; marcas cuyos nombres ya permiten dar cuenta de los alcances de ‘Cambio A’, siendo el trabajo con Bimbo el que podría calificarse como uno con los resultados más exitosos.

Teniendo en cuenta la necesidad de la compañía mexicana de dar nuevos pasos hacia un nuevo lanzamiento, se puso en contacto con la empresa de Obando y Mejía, con el fin de tener el mejor diseño posible para un nuevo producto que planean lanzar pronto al mercado latinoamericano.

El modelo tradicional según Santiago Mejía, “podría tomarse más de un mes para sacar el resultado de un proyecto”. Sin embargo, añade que además de la agilidad, “lo realmente relevante de nuestro modelo es la gran diversidad creativa reflejada en el número y calidad de propuestas que reciben nuestros clientes”.

En efecto, para el caso de aquella necesidad de Bimbo, llegaron más de 50 propuestas enviadas por los creativos de todo el mundo. Frente al abanico de posibilidades, ‘Cambio A’ evaluó y filtró las propuestas más acordes a las necesidades del cliente. Finalmente, la empresa mexicana adquirió los derechos sobre las propuestas de dos creativos de países distintos, encontrando una combinación ideal entre nombre, slogans y logotipos.

En términos generales, las propuestas se evalúan con base en cinco parámetros: originalidad, calidad conceptual, calidad de ejecución, alineación con el brief y facilidad de ejecución. Y aunque éstas pasan por un filtro de preselección realizado por los miembros de un equipo experto -dos de los cuales son Juan Carlos y Santiago-, los clientes tienen acceso en todo momento a todas las propuestas sobre sus proyectos a través de la plataforma de ´Cambio A´.

El 38 por ciento de los creativos inscritos a ‘Cambio A’ son mexicanos y colombianos, seguidos por diseñadores, diagramadores, publicistas y expertos de las artes gráficas y la comunicación de Perú, Guatemala y Venezuela, entre otros.

La ‘startup’ de Obando y Mejía, que algunos clientes ya fidelizados no dudan en calificar como la Uber de la publicidad, está beneficiando tanto a las empresas como a los creativos.

Además de recibir un pago que puede oscilar entre los 300 y 1500 dólares, los creativos pueden trabajar desde sus casas, acceder a las tendencias o retos de connotadas marcas, consolidar y ampliar su portafolio y sobre todo, ganar reconocimiento y reputación.

Por otra parte, las empresas se benefician de una variedad creativa difícil de alcanzar, de acceso a diversidad de talentos marcados por la cultura de sus países y ciudades, de una rapidez en los resultados y de la disminución de los costos.

Además ‘Cambio A’ puede hablar de una equidad de género detrás de la creatividad. Hombres y mujeres conforman casi por igual el número de personas que conforma el equipo de inscritos: 54 por ciento de mujeres y 46 por ciento de hombres.

Los factores de crecimiento de tres connotados empresarios del país

Una conexión personal, que es en esencia poder estar bien con uno mismo; ubicarse en el lado opuesto de expresiones –y las respuestas implícitas que de estas se derivan- como ‘no’, ‘pero’ o ‘es que’, y siempre tener en los radares dónde están los problemas para brindar soluciones, hacen parte de los factores clave para constituir y consolidar empresa en el mundo de tres empresarios colombianos.

Esa es la visión de Beatriz Fernández, Fundadora de Crepes & Waffles; de Ricardo Leyva, de la agencia de publicidad Sístole, y de Juan Felipe Arbeláez, cofundador de Vive Agro, quienes compartieron en el CESA –Colegio de Estudios Superiores de Administración- varias de sus experiencias de vida, y que han resultado determinantes en su carrera como empresarios.

Beatriz Fernández, cuya empresa ocupa el segundo lugar del escalafón dentro del sector de comidas fuera de casa en Colombia (sus ingresos operacionales al año bordean los $ 300.000 millones de pesos), concibe el emprendimiento como un efecto ligado a una condición personal, interior. Y si bien admite que las reglas del mercado están allí, así como los balances, la contabilidad, la misma competencia; cree fielmente que asuntos de control personal terminan siendo los motores del emprendimiento y el crecimiento de las organizaciones.


“La ética y los valores son los principios que en realidad lo mantienen a uno en serio progreso”, dice Beatriz Fernández, quien tiene claro que de lo que se trata es de ser coherente entre el decir, el pensar y el actuar. Y cada acción –agrega- no puede ser otra cosa que el producto de una transformación con transparencia.

 

En efecto, el asunto radica es en obrar con honestidad, tener por encima de todo calidad humana, y echar mano de un atributo personal más: la imaginación. Cuando estos factores se combinan con el producto, “los resultados simplemente aparecen. Se dan”.

Estar bien consigo mismo es la clave porque en últimas define y hace que se exponga lo que mejor se lleva dentro. A partir de ese momento, sostiene la empresaria, es que se logra que haya “imaginación por encima de conocimiento, creatividad más que empuje, más ganas que ideas, más fuerza que propósitos, como formas para vibrar, soltarse y emprender”.

 

Sin el botón del ‘no’

Dentro de las cosas que se dicen sobre la comunicación asertiva, entre muchas otras, es que hay que saber decir ‘no’.

 

Pero Ricardo Leyva, Director Ejecutivo de Sístole’, admite que carece de dicho botón. Igual pasa, agrega, con expresiones como ‘pero’ o ‘es que’. Esa parte, que está dentro de la dimensión del lenguaje, incide de forma determinante en cuanto a emprendimiento se refiere.

 

Eso lo tiene claro desde que era empleado. De hecho, Leyva es un fiel creyente de que el emprendimiento también ocurre dentro de esa posición en las organizaciones. “Se trata de responder por el proyecto más difícil, asumir la tarea que nadie quiere, eso es emprender como empleado”, sostiene este empresario, quien también ha laborado en empresas como Unilever y Loreal.

 

El ‘credo’ empresarial de Ricardo Leyva ha sido entonces comprometerse, especialmente cuando aparecen los más grandes problemas de la empresa, para terminar haciendo cosas que no se han hecho y llevar los proyectos un paso adelante.

 

“El ‘no’ se convierte en el punto de partida para cerrarse la puerta. Al omitirlo, lo que se hace es tener siempre abierto un abanico de posibilidades, soluciones. Ciertamente ver otra alternativa hace que se estire la cuerda, la empresa se tensiona, que es meterse en problemas, pero creo que correr el riesgo lo que hace es inspirarse, que al final lo hace a uno más feliz”, explica el director de Sístole, empresa con 13 años en el mercado.

 

A ello agrega pensar en la gente como esencia de la empresa. El empresario, que ayer se preocupaba en cómo podía lograr que ese buen empleado estuviera 20 ó 30 años en la compañía, hoy debe preocuparse en cómo puede hacerlo feliz, evolucione en la empresa y dé su mejor versión por unos pocos años, pues las dinámicas de hoy –no solo en el sector de los creativos de la publicidad- hacen que jóvenes no estén más de tres años en una compañía.

 

Los empresarios Juan Felipe Arbeláez y su hermano Pablo le apuntaron a un modelo de negocio que se articula con la solución a una problemática.

 

La empresa que dirigen, ViveAgro, se dedica al tratamiento y comercialización de los vegetales llamados de cuarta gama: vegetales pre listos; es decir, ya lavados, desinfectados y cortados, que se transportan en cadena de refrigeración para poner a disposición del mercado.

 

Pero en torno a ello está el tema de desperdicio de alimentos. Un tercio de los alimentos que se produce en el mundo, por distintas circunstancias y en distintas etapas de la cadena, se pierde o se desperdicia, según estimativos de la FAO (Agencia de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, por sus siglas en inglés). Esa cifra equivale a 1.300 millones de toneladas de comida, y el 45 por ciento corresponde solo a frutas y hortalizas.

 

Solo en Colombia, se desperdician anualmente 9,7 millones de toneladas, cantidad que representa el 34 por ciento del total de los alimentos que el país podría consumir durante un año, según el último informe en la materia del Departamento Nacional de Planeación. Bajo esa problemática es que los hermanos Arbeláez constituyeron su empresa.

 

El producto que se perdía en Corabastos era –dice Juan Felipe Arbeláez- “de 100 toneladas al día (en Corabastos están ingresando más de 13.500 toneladas cada 24 horas). Hoy estamos comprando alrededor de 1.000 toneladas de producto al año, que van directamente a la planta y de allí a los restaurantes, para mitigar ese desecho. El impacto es reducir el desperdicio, pero a la vez empoderar al agricultor para que sepa que su labor tiene una razón de ser. Un sentido”, concluye el empresario.